Sumario07
 
Mayo 12

Anécdotas

Como continuación del artículo anterior, vuelvo aquí unas anécdotas –totalmente verídicas- de la resposanbilidad de algunos dueños. Estas anécdotas son producto de mis años como paseador y adiestrador de perros.

La primera anécdota está referida a mi actividad como paseador de perros. Cierto día me encontraba realizando mi recorrido habitual cuando un portero de un edificio me comentó que una señora estaba buscando un paseador de perros. Cuando le referí si podía bajar un segundo para conversar, el portero me comentó que yo debería subir, ya que se trataba de un mujer que se encontraba guardando cama por alguna dolencia. Que entonces subí al departamento y ahí encontré a una mujer en cama, rodeada de sus familiares. Mi primer pensamiento fue que, en realidad, más que a un paseador, estaría requieriendo los servicios de un médico. En eso estaba divagando, cuando me pidieron que llevara a pasear a un hermoso ejemplar de siberian husky . . . recién nos conocíamos, no sabían ni cómo me llamaba, ni habían pedido referencia alguna sobre mí y me hacían responsable del cuidado de su “adorada mascota”. Como la dueña se sentía aún más molesta con la presencia de su perro, me solicitaron que buscara a un amigo de mi confianza quien pudiera traerles a su perro lo más tarde posible. Así lo hice por ese día, no volviendo a tener noticias sobre ellos y sintiéndome muy mal porque me dí cuenta –en ese primer momento- que no todos aquellos que tienen una mascota (más de lo que uno se imagina), realmente la quieren y se preocupan por ella.

La segunda anécdota me sucedió con una dueña cuya pareja de perros cockers paseaba en ese momento. La hembra fue servida en su primer y segundo celo por su compañero. La familia no había tomado la precaución de separarlos en ese momento. En la segunda ocasión, quedó preñada, no conocían las fechas exactas en que esto había ocurrido, tampoco le habían realizado ninguna ecografía ni control veterinario alguno, y un día, cuando los había llevado en su paseo diario, la hembra hace un aborto espontáneo en la plaza. Dejo los demás perros en la plaza con un amigo de confianza, y en forma urgente me dirijo a una veterinaria con esa perrita. La profesional que me atendió me indicó que la llevara inmediatamente a su casa, para que pudiera descansar, estar tranquila y contactarse en forma rápida con su veterinario de cabecera. Luego de un tiempo, cuando la perra dio finalmente a luz, fui a visitarla (había tenido dos cachorritos) y los tres estaban confinados en un rincón en la terraza, bajo el pleno sol de verano, sin mayor atención de sus dueños. Es más, si no hubiera sido por la primera veterinaria a la que acudí, y quien concurrió a darles unas inyecciones, esos cachorritos no hubieran sobrevivido. ¿Queda alguna duda acerca de la “despreocupación” y la falta de cariño hacia estos amiguitos?
La tercera anécdota fue en mi calidad de adiestrador. Cierto día acudo a una casa, al tocar el timbre, la dueña me arroja la llave por el balcón. Entro en el edificio, subo la escalera, confiado, y en eso me encuentro con que la mascota que yo debía adiestrar, que era un pitbull terrier, quien me estaba dando la bienvenida, suelto sin la dueña que lo acompañara. Obvio que el perro desconocía que yo era su adiestrador. Gracias a mi experiencia, no evidencié miedo alguno y le pedí a la dueña que lo llamara. Por suerte, la mascota la obedeció. Esto que parece solamente una cuestión de fortuna, realmente lo fue, ya que la conducta atávica del perro hubiera indicado que debía atacarme, debido a que yo era un perfecto desconocido que ingresaba a su territorio, sin que la dueña hubiera tomado precaución alguna. Así como comenzó, el adiestramiento terminó muy rápido. Luego de dos semanas, la ansiedad de la dueña pretendía que el perro ya se hubiera “licenciado”, cuando recién estaba haciendo sus “primeros palotes”. Como suele pesar, este tipo de relación terminó con una excusa pueril de parte de la propietaria, a la cual no opuse mayor resistencia ya que iba a ser muy difícil desarrollar todo un proceso de adiestramiento del perro sin contar con una dueña ya educada. ¿Existe alguna duda acerca de la irresponsabilidad de la dueña en la tenencia de una mascota de estas características?
Finalmente, y como una vez alguien dijo “a los perros no sólo hay que tenerlos, sino también merecerlos”.

Dedicado a la tito-pango banda.



Mariano Alberto Rabuffett
mariano@revistacanina.com

AUTOR
Mariano Alberto Rabuffett
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