Desde siempre la piel fue objeto de adoración, belleza y admiración. Piel blanca y sin una gota de sol era el sello jerárquico que llevaba Cleopatra y con ello la perdición de los hombres. Los tiempos fueron pasando y en la actualidad sigue en alza el culto a la belleza que desemboca en el miedo pavoroso al paso de los años.
El hombre fue capaz de cometer matanzas inexplicables contra otros que solo los diferenciaba un color de piel. Con la excusa de preservar la “especie” el hombre está siendo testigo de su propia extinción. ¿Para que Dios los dotó con el don de la palabra si nunca aprendieron a usarla? ¿Para que capacidad de raciocinio si nunca entraron en razones? ¿Para que poder de elección si no pueden mirar a los ojos, reconocer un error y volver a empezar? Y el don mas deseado y malgastado.........La Libertad. Esa que no pueden conseguir si continúan como rehenes de sus propias sombras.
¿Será por eso que Dios creó a los animales? ¿Tuvo que mostrarles su mitad carente y ponerles enfrente un espejo en donde mirarse?
Los perros no dejan de jugar porque haya algún “negrito” o manchado o pura raza o pura calle. Simplemente juegan. No muestran los dientes o dan un ladrido en vano. Así marcan sus límites y se respetan. No necesitan unirse y declarar una guerra sin sentido, cuando las cosas tienen sentido.
No cargan con rótulos ni marcas, no se clasifican por color o aspecto, no dan para pedir, no miden con la misma vara... porque no necesitan medir. No tienen bolsillos porque no se guardan nada para ellos, todo lo que tienen es tuyo. Y tuya será la capacidad de detenerte un instante y preguntarte: ¿Qué guardo en mi bolsillo que no puedo darte?
Sé capaz de ser un puro perro, un perro de corazón. Sin cuestiones de piel en el lomo.
Laura Battistoni
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