
Precisamente en Egipto, ya hace seis mil años atrás existía la cría de gatos. Los egipcios fueron los primeros en domesticar a estos felinos.
Se le tributaba una religiosa adoración.
Desde que se producía el nacimiento de un niño, este, era consagrado a un gato, y la persona debía aportar durante toda su vida un medallón con la efigie del animal.
Los gatos domésticos eran considerados animales sagrados. Si alguien hería o mataba a uno de estos animalitos se lo castigaba con la pena de muerte.
Durante la quinta dinastía faraónica, estos felinos fueron introducidos en los templos. Los egipcios creían que la diosa Bastet (representada por una figura de mujer con cabeza de gato) podía habitar en el cuerpo de los gatos.
En el antiguo Egipto regían leyes que impedían exportar gatos, y si se encontraba uno fuera de sus fronteras, debían regresarlo a la patria.
Tenían un culto a la muerte muy particular. Cuando un gato de caza moría, todos los miembros de la familia guardaban luto y se afeitaban las cejas como signo manifiesto del dolor que sentían. Si disponían de los recursos necesarios procedían a momificar el cuerpo del felino y a enterrarlo en un sarcófago especial, este era transportado a la ciudad de Bubastis para ser enterrado con solemnidad.
Ya por aquel entonces el gato no se consideraba un simple animal doméstico, sino que constituía una agradable compañía.
A mediados del siglo XIX en un templo en honor a la diosa Bastet un grupo de arqueólogos descubrió un cementerio de gatos, en el que se contaron trescientas mil momias de gatos embalsamados. Estos fueron encontrados envueltos en vendas funerarias, y colocados cada uno en un pequeño ataúd que reproducía la forma de dicho animal. Considerados muy útiles para el deporte, se los ataba a correas y cazaban pájaros para la mesa familiar. Las gatas de la diosa Bastet eran consideradas por los egipcios como el ideal supremo de la belleza. Por esto las egipcias usaban los ojos rasgados como una imitación de los ojos de la diosa y para seducir a los hombres. Bastet, diosa de la bondad también personificaba a la maternidad, la música, la danza y la alegría. Se representaba como una elegante y estilizada mujer con cabeza de gato. A partir del surgimiento de esta diosa, el gato se volvió el animal sagrado, las leyes lo protegían y la religión lo veneraba. Pensar que cuando tengamos en nuestros brazos ese cálido y suave cuerpecito, o simplemente escuchamos sus simpáticos ronroneos, jamás imaginaríamos los orígenes de ese minino que nos acompaña, a quien queremos y mimamos tanto. De ahora en más valoremos a nuestras mascotas, y, pensemos que tenemos en casa, un "pedacito" de la cultura egipcia, un animal sagrado.

