Sumario16
 
Julio 10

Cuándo se debe apelar a la zooterapia

Si bien al principio la terapia asistida por animales se usa como soporte para las personas con problemas de tipo psicológico o con dificultades físicas, en la actualidad resultados obtenidos han permitido ampliar su radio de acción a personas de todas las edades y al tratamiento de numerosas enfermedades.

La zooterapia se usa en las áreas psicologicas, médicas y neurológicas
Dentro del área médica un animal puede ser de ayuda en los momentos de convalecencia, en casos de problemas cardíacos, recuperación tras una intervención quirúrgica.

El afecto relajante que produce un cachorro, por ejemplo, ayuda a mantener la presión sanguínea.
Igualmente para personas que sufren del corazón, por su efecto tranquilizante o porque al cuidar de un animal obliga a mantenerse mas en forma (paseos diarios que el animal necesita). En este caso, hasta se prescribe en personas que han tenido un infarto para su recuperación.

Observar la conducta de un animal o un cachorro, con sus juegos, transmite buen humor y es sabido por estudios, que esta situación (el estar felíz o relajado) segrega endorfinas que refuerzan las defensas naturales del organismo y lo protegen de enfermedades, o aceleran de alguna forma su recuperación.

El uso terapéutico de los animales también funciona en el tratamiento de diversos trastornos psiquiátricos como la depresión, la esquizofrenia y enfermedades como el Alzheimer; la ansiedad, algunas formas de neurosis, y gran cantidad de patologías geriátricas.

Hacerse cargo de otro ser y proyectar en él amor y afecto refuerza la tendencia de ofrecer ayuda, lo hace sentirse útil y se convierte en un motivo más para superar la enfermedad. Por otro lado, la presencia de un animal transmite sensación de seguridad, ayuda a que aflore la sonrisa y a que mejore el humor.

También se han observado efectos positivos en personas con problemas de autismo. La proximidad y la relación con un animal a menudo es el primer paso para volver a entrar en contacto con el mundo que les rodea. Para aquellos que sufren esta patología, la presencia de un animal contribuye a desencadenar reacciones emotivas, a tener intereses y curiosidad, y suele estimular a los niños a que también manifiesten verbalmente sus sentimientos y a salir del mutismo en el que están encerrados. No obstante para este campo en concreto se mejora la calidad de vida, pero por supuesto, no cura la enfermedad.

Un perro puede resultar de utilidad para tratar algunos trastornos de comportamiento como la dificultad para socializarse, la agresividad excesiva, el rendimiento escolar escaso o la poca confianza en si mismo.

Acariciar, exteriorizar el afecto que se siente por un animal mejora la propia capacidad de interactuar, despierta el deseo de recuperar el contacto con los demás y de dialogar con otras personas.

Los animales nos hacen compañía, y a través de sus necesidades reclaman nuestra atención: cuidar de un animalito es una responsabilidad que exige una dedicación constante. Y, sobre todo en el caso de los niños, esta tarea puede ser valiosa para ayudarlos a madurar,  y a adquirir un sentido del deber y la responsabilidad.

Por ejemplo, se ha constatado que alimentar a un perro, prepararle la comida, respetar sus horarios, puede estimular el interés por la propia alimentación.

Además, tener presentes los horarios y las necesidades del animal también es un buen ejercicio para la memoria y la concentración.

AUTOR
Monica Simelis
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