Sumario02
 
Mayo 13

Adiestramiento

Podemos afirmar que se reconoce al perro querido y respetado, exento de miedos y dudas, al verlo regresar alegremente al pie de su amo cada vez que éste se lo pida (no significa que se lo ordene).

Volver a la llamada
Un reflejo que no pertenece a los ejercicios de obediencia básica.

Podemos afirmar que se reconoce al perro querido y respetado, exento de miedos y dudas, al verlo regresar alegremente al pie de su amo cada vez que éste se lo pida (no significa que se lo ordene).
Permanecer atento al amo es la expresión de un lazo invisible entre el perro y el hombre. Si este último llama tiránicamente a su perro cada vez que lo crea oportuno es a menudo para mostrarse a si mismo y a los demás su poderío sobre el animal. Por el contrario, el can vuelve por placer de hallarse junto a quien le da de comer.

Educación e instintos
Toda la educación parte de la manipulación de unos instintos. No se le puede ordenar a un animal hacer algo que vaya en contra de sus instintos; así, pues, el “arte” del adiestrador o del amo consiste en reunir todas las condiciones posibles que le permitirán utilizar y aprovecharse de los instintos.
¿A que instinto corresponde volver a la llamada? Para comprenderlo basta observar el comportamiento de un cachorro que descubre su entorno oliéndolo todo y viviendo sus primeras experiencias de vida. Llevado por su innata curiosidad, le ocurre a menudo alejarse de su madre y hermanos y de hallarse de repente solo y perdido. Ya vera que su madre, gentilmente, le orientara emitiendo unos tiernos sonidos que permitirán al pequeño, volver al lado del lecho familiar. Si así no es, lo que oirá será la voz del criador, que le llamara y lo tomará en los brazos para devolverlo a la madre. En realidad todo cachorro parece tener tendencia a seguir al primero que encuentre por su paso al sentirse perdido. Ya lo sabemos: el perro odia la soledad y solo halla su equilibrio y confianza dentro de un grupo correctamente estructurado. El volver a la llamada responde a semejante instinto de manada.
En un medio salvaje cada individuo sabe automáticamente lo que debe hacer para ser respetado, para cazar y reproducirse: la organización del grupo en si depende de la supremacía de un jefe o de una pareja de lideres que dan las ordenes e instauran las prohibiciones. En la microsociedad en la que forzamos a los perros a vivir las reglas serán las mismas. La orden de regresar al pie da una idea clara de la magnánima supremacía del hombre.

Reacciones fuera del grupo familiar
Muchos habrán observado el comportamiento “extraño” de aquellos perros que se niegan a obedecer a su amo cuando este se encuentra acompañado de amigos. Es como si la autoridad acostumbrada desapareciera en cuanto el perro se halle fuera de su territorio. Curioso es notar que semejante comportamiento no es solo de los canes, sino de los niños también. Tal vez sea debido al hecho de que el dueño cambia de comportamiento, dominándose menos, actuando diferente. Por poco que otra persona muestre mas seguridad en sus gestos, más desenvoltura o autoridad, el perro pensara que los dos hombres se están midiendo para averiguar cual de los dos será el vencedor. Y así espera el final de la lucha simbólica. En esos casos nos comparan a sus congeniares, los machos sobre todo, que al cruzarse por la calle miden su fuerza y superioridad, combatiéndose para conservar o ganar el puesto de jefe.

Un aprendizaje precoz
En todo caso, si incluso la “orden” de regresar a la llamada es un gesto natural, debe ser enseñada en primer lugar, mucho antes de las órdenes de sentarse o echarse. Pues es al llegar a casa cuando el cachorro se siente perdido en su nuevo mundo, y es cuando necesita realmente saber que si no sabe a donde ir siempre habrá alguna voz para mandarle y darle seguridad. Las primeras veces para llamarlo no es preciso que sea en casa. Bien puede llevarlo a una plaza o un parque. Déjelo vagabundear y espere el momento en el que ya no lo vera. El pánico será inmediato. Entonces llámelo varias veces con una voz amable y tranquila. Luego escóndase detrás de un árbol y repita la experiencia. En realidad es sobre el miedo a la soledad en que se basa este ejercicio simple, que le servirá para guiarle en la vida, evitándole distintos tipos de accidentes.

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