Según diversos estudios de investigación se ha demostrado que uno de los problemas que más sufren los ancianos, es la soledad. Brindar cariño a través de los perros a los ancianos, disminuye el sentimiento de soledad y aislamiento.
La terapia con perros aporta beneficios físicos. El simple hecho de acariciar al perro provoca un relajamiento, lo cual se traduce en una disminución de la presión arterial; además de los movimientos del brazo, la mano y otras partes del cuerpo, que se ven obligados a realizar para acariciar a los perros durante las sesiones de terapia con perros. Estas acciones obligan a realizar unos movimientos, a estirarse, a volverse...
Así hemos visto como tras las sesiones de terapia con perros, despertamos una diversión en los ancianos. A la salida de cada sesión rara vez se acuerdan del dolor que les acuciaba, de la rutina que les aburría. Sino que el motivo de conversación son los perros.
El perro es canalizador de conversaciones no sólo entre residentes, sino también entre residentes y cuidadores. Ancianos introvertidos, que no se relacionan con los demás ni se integran, parecen cambiar tras la llegada de la terapia con perros, se inician en conversaciones con los perros, guardarles comida, y acaban preguntando cuando vuelven los perros, que comen, como se les enseña para terapia.
Se favorece el intercambio afectivo, aquí dan y reciben cariño. Y a esas edades suele faltar el recibir, lo cual acelera los procesos seniles.
El anciano adquiere nuevas responsabilidades, lo que le hace volverse más activo, se preocupa más por si mismo, dejando así el abandono en el que se sumen, tras la soledad. Su vida toma ritmo con la terapia con perros, espera el día de llegada, están pendientes del perro.
Y todo eso para que con la llegada del perro, una sola caricia, una sola mirada del perro, nos lleve a ver como siguen sintiendo, quieren, conocen, viven...
Pero no sólo con ancianos es utilizada y efectiva la terapia con los perros, en niños autistas es muy frecuente.
También existen perros para epilepsia, y te preguntarás de qué se trata. Son perros que han aprendido a avisar a su amo de que dentro de poco éste sufrirá un ataque epiléptico. Esto le permite al amo prepararse de manera que puede parar la actividad que está desarrollando y por ejemplo ponerse en el suelo o avisar a sus familiares. En el caso de los niños eventualmente el perro puede ir y avisar a los padres. Estos perros proporcionan seguridad, amistad, afecto
¿Qué saben hacer los perros para epilepsia?
El perro lleva a la atención del dueño que dentro de poco sufrirá un ataque epiléptico.
Finalmente, cada perro sabe algunos juegos a jugar con su amo para reforzar todavía más la amistad incomparable y duradera creada entre el amo y el perro.
¿Qué conlleva tener un perro para epilepsia?
Está claro que un perro puede llegar a jugar un papel invalorable en la vida de una persona con epilepsia. Sin embargo, lo que también hay que tener claro es que un perro obliga a esta persona a cambiar su estilo de vida dejándole sitio al perro en su vida cotidiana. Hay que cuidar de él, hay que sacarlo a pasear, hay que mantener el entrenamiento, hay que asearlo periódicamente, hay que procurar que siempre esté lo más sano posible, hay que llevarlo al veterinario y hay que darle la mejor comida, por lo que también ocasiona gastos. Pero, sobre todo, el amo simplemente ha de ocuparse de él.

