Sumario03
 
Mayo 12

Etología y Relaciones Sociales en la Globalización Natural

En el conglomerado compuesto por la totalidad de las especies animales, desde los unicelulares como la ameba o el paramecium, hasta el autoproclamado rey de la creación...

El ser humano, pasando por todos los órdenes de seres vivientes habitantes de nuestro planeta tierra, hallamos una constante relación interactiva, cuyo equilibrio es la base de la conservación de la vida. A su vez en grado absoluto dependiente del otro reino viviente, el universo vegetal, cuya perpetuación es posible a partir del reino mineral.

En el conglomerado compuesto por la totalidad de las especies animales, desde los unicelulares como la ameba o el paramecium, hasta el autoproclamado rey de la creación: el ser humano, pasando por todos los órdenes de seres vivientes habitantes de nuestro planeta tierra, hallamos una constante relación interactiva, cuyo equilibrio es la base de la conservación de la vida. A su vez en grado absoluto dependiente del otro reino viviente, el universo vegetal, cuya perpetuación es posible a partir del reino mineral. Las combinaciones e interacciones son casi infinitas a partir de la primaria relación entre el oxigeno (padre de la vida) y el hidrógeno (padre del agua). Hablar de los dos reinos biológicos y sus nexos indefinidos en una imposible línea divisoria entre animales y vegetales hoy, prácticamente carece de sentido, habiendo los científicos llegado a acercarse a la realidad biológica de los “sopas” vivientes en las profundidades oceánicas, tanto como en los pantanos tropicales o las aguas crípticas halladas por los espeleólogos* en profundas cavernas bajo tierra. Vemos cada vez más la imposibilidad de creer factible abarcar definitivamente la realidad de la vida y poder sintetizar algo tan simple como eso: un ser viviente.

A partir del concepto anterior es preciso ajustar nuestro punto de observación con criterio etológico claro: respetar y no destruir lo que no podamos reponer o sustituir. Con lo cual descubrimos un área de interés global: la Ecología.

Parece poco, pero una sola letra de diferencia separa ambas ciencias, y me permito creer que una no puede en realidad existir sin la otra.

Una visión abarcativa es, por lo tanto imprescindible en el momento de creernos aficionados al “estudio de las conductas comparadas de todos los seres vivientes, incluido el ser humano”. Esta es la definición clásica y académica de la ETOLOGIA, ciencia que nos ocupa y nos apasiona por ser un bebe, comparativamente con las demás disciplinas científicas, hoy por hoy, a inicios del siglo XXI.

Dentro del esquema planteado de interdependencia entre los reinos (mineral-vegetal-animal), a medida que asciende la especialización (con mas equipamiento y sofisticación) mayor es la dependencia de su abastecedor antecedente dentro de la escala evolutiva, por ejemplo: “se inicia la cadena en el reino mineral, cierto elementos se componen o combinan espontáneamente dentro de un medio químico por la acción de simpatía o atracción química, (atómica, electrónica y reactiva) lo cual genera una sustancia apta para que gérmenes biológicos (bacterial, hongos, protozoarios) se puedan abastecer de elementos para su nutrición y desarrollo, con la generosa radiación (cósmica y solar) que produce una lluvia de partículas que bombardean el ambiente, cargando lo inerte (mineral) de energía metabolizable que aprovechan entonces aquellos seres microscópicos que son digeridos a su vez por el sistema básico de las especies mencionadas (hongos, bacterias, etc.) las cuales alimentan a insectos, o invertebrados, o vegetales, o lombrices, o plancton (según el medio), en que anfibios (ranas, etc.) y peces o aves aprovechan para componer su menú, y así avanzando en la escuela zoológica hasta llegar a los organismos evolutivamente superiores como mamíferos vegetarianos (conejo, etc.), carnívoros (perros, etc.) omnívoros (ratas, cerdos y humanos), los cuales al morir pasan a alimentar otras especies inferiores de la escala y al fin también realizan su contribución al reino mineral (sales, cenizas, gases, etc.) y desde allí a recomenzar el circuito.
La primera vez que observe este proceso natural fue a los seis o siete años, cuando me llevaron a pasar unos días y pude ver labrar un campo, el arado era arrastrado por dos grandes caballos percherones y avanzaban a buen paso tajando surcos paralelos, prolijos. En esta “procesión” iban los dos caballos unidos por el arado al hombre y detrás, a ocho o diez metros un conjunto de aves que ordenadamente y con solo pequeñas desavenencias iban aprovechando del surco fresco, los insectos (cuyos nidos quedaban al descubierto), las larvas, lombrices, fiestas para las gaviotas que iban en primera línea, las bandurrias (a las que los campesinos mal llaman “cuervitos”) con sus patitas largas y su ropaje negrísimo, algo mas altas que los “teros”, que también estaban en ese cortejo y algún “chajá”, que festejaba encontrar alguna viborita ciega o alguna rana lastimada, y hasta culebras que eran objeto de cinchadas entre las gaviotas, mas atrás algún pato o ganso era seguidor de la procesión y finalmente las gallinas, escarbaban para ser las ultimas comensales del banquete-séquito, junto con algún chimango o lechuza que aprovechaban selectivamente un nido de ratones.

Así, tempranamente, pude experimentar sentimientos de asombro (tal vez con algo de asco) y confusión hasta que años después mi maestro lo explico en la escuela y entendí de que se trataba.

Hoy vemos hechos naturales como el mencionado a cada rato, mas en las pantallas de TV que en la realidad presencial. Solo los niños de zonas rurales pueden verlo seguido “en vivo y en directo”.

Pero a cambio la oferta de material documental en video, hace mas amplio el conocimiento, aunque reduzca el genuino asombro infantil que da origen a la curiosidad y los deseos de investigar. Quizás estas notas inconcientemente estén dirigidas al niño que cada lector lleva dentro, con la ilusión de incentivar el germen del estudio y la investigación en campos de las ciencias necesarias para mantener la vida en la tierra, que por otra parte no podemos optar por abandonar (salvo para pasar al reino mineral y trasmigrar tal vez “si es posible” para evolucionar “como otro bicho”….).

Enunciamos la interdependencia de todos los que estamos en este planeta, para tomar conciencia de la sabia y no muy clara economía de la naturaleza. Vemos que en la escala de supervivencia cada especie aprovecha lo que puede de las que ocupan el estamento inferior, pero no hay ninguna que a su vez no puede ser aprovechada por otras. Si vemos un conjunto de cóndores (buitres andinos reales) disfrutar del cadáver de un puma o un jabalí, vamos a recordar la frase de velorio: “no somos nada”…

Si un simple “Tatú” o mulita “aprovecha” una osamenta semipodrida charqueándose al sol en el campo, el comensalismo no concluye ahí, escarabajos, larvas de moscas y otros gusanos se dan el gran banquete, y son a su vez “comida” para sin numero de aves, que son excelentes presas (mientras duermen) para las comadrejas, vemos que la cadena es mucho mas extensa de lo imaginable.

Existen mas especies animales por conocer que todas las clasificadas actualmente en todos los ordenes, mamíferos, reptiles, peces, invertebrados y solo en insectos, es abrumadora nuestra limitación.

Procesos de incubación, reproducción, metamorfosis, simbiosis, hibridación y mutación nos ponen delante de un tema a estudiar concretamente. No solo en su biología sino en relación a su comportamiento. No olvidemos que una conducta dada (un comportamiento) es siempre una expresión de la particular manera de reaccionar de un ser o una especie para afirmar su derecho a existir y a propagarse dominando su entorno y su medio natural.

Vivir es la ley natural, dichosos los que pueden disfrutar el esfuerzo de defender la vida, y atisbar la esencia que la genera, porque allí pueden encontrarse con Dios.

* Grupo o personas que estudian las cavernas y grutas en la vida subterránea.

AUTOR
Jorge Raúl Laino
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