Como lo prometimos en nuestro artículo anterior, vamos a presentar en un resumen cronológico las experiencias y las personas más destacadas dentro del ámbito de
William Tuke, desempeñaba sus funciones como médico en el Retiro de York, en Inglaterra, fundado en el año 1792 por la “Society of Friends”. Este médico consideraba que los tratamientos de las personas con patologías mentales no debían basarse en castigos o azotes (como lo establecía el modelo de atención a estos pacientes), sino que debería comprender un tratamiento “más humano”. Tuke observó cómo la dependencia de un animal pequeño hacia uno de sus pacientes propiciaba el autocontrol. Fue entonces que notó que la interacción entre seres humanos y animales producía efectos positivos en la vida de los primeros.
Así, Tuke comenzó a incluir animales de granja básicamente, como gallinas y conejos en los tratamientos de sus pacientes; de esta manera revolucionó el modelo de atención a las personas con patologías mentales sostenido en aquella época, y lo humanizó a través de una naciente Terapia Asistida por Animales.
En la actualidad, dicho Centro se ha convertido en un Instituto que recibe a 5000 pacientes aproximadamente con distintas patologías, ya sean físicas o psíquicas que asisten a tratamientos en los que se incluyen activamente a los animales como perros, caballos y gatos, en un marco en el que el cuidado de los mismos constituye un punto principal.
Este programa contemplaba la interacción con los animales como ayuda a la rehabilitación de los aviadores. En particular, se observó que el contacto con los animales amortiguaba los intensos procesos terapéuticos.
Levinson afirma que fue Jingles quien le mostró que los animales podían ser beneficiosos para el tratamiento de sus pacientes. Y relata la experiencia de cómo fue que sucedió: “Una mañana temprano, Jingles estaba echado a mis pies en mi despacho mientras yo escribía, cuando sonó el timbre de la puerta. A Jingles no le estaba permitido entrar en la consulta cuando yo atendía a mis pacientes, pero ese día no esperaba ninguno hasta varias horas después. Jingles me siguió hasta la puerta donde recibimos a una madre y a su hijo muy alterados, varias horas antes de su visita. El niño había pasado ya un largo proceso terapéutico sin éxito. Le habían prescrito la hospitalización. A mí, me visitaban para que emitiera mi diagnóstico y decidiera si admitía como paciente al chico, que mostraba síntomas de retraimiento creciente.
Mientras yo saludaba a la madre, Jingles corrió hacia el chico y empezó a lamerle. Ante mi sorpresa, el muchacho no se asustó sino que abrazó al perro y comenzó a acariciarlo. Cuando la madre intentó separarlos, le hice señas de que los dejara. Antes del final de la entrevista con la madre, el chico expreso su deseo de volver a jugar con el perro. Con unos auspicios tan prometedores comenzó el tratamiento de Johnny. Durante varias sesiones jugó con el perro, aparentemente ajeno a mi presencia. Sin embargo, mantuvimos muchas conversaciones durante las cuales estaba tan absorto con el perro que parecía no escucharme, aunque sus respuestas eran coherentes.
Finalmente, parte del afecto que sentía por el perro recayó sobre mí y fui conscientemente incluido en el juego. Lentamente, logramos una fuerte compenetración que posibilitó mi trabajo para resolver los problemas de Johnny. Parte del mérito de la rehabilitación hay que dársela a Jingles, que fue un coterapeuta muy entusiasta”.
En el año 1969 Levinson, con todo el material recogido durante sus años trabajando con
Básicamente, el objetivo de incluir a los animales en el tratamiento consistía en que estos animales estimularan a los pacientes a ejercitarse.
Ya en las décadas de los ´60 y los ´70, la investigación en lo que hace a Terapias Asistidas por Animales comienza a tomar relevancia y muchos estudios arrojan resultados positivos. Se descubre en especial, que el contacto con los animales reduce la presión arterial y equilibra la frecuencia cardiaca, como así también los niveles de ansiedad y estrés que puedan presentar las personas.
Entre dichas investigaciones, se destacan los trabajos realizados por Sam y Elisabeth Corson en el Hospital de
Años más tarde, un número importante de investigaciones comenzó a demostrar los beneficios o efectos positivos que se obtienen como resultado en la relación humano-animal.
Hoy en día, Delta Society es la primera fuente de información nacional sobre Terapia Asistida por Animales y Actividades Asistidas por Animales y servicios animales.
Cabe agregar, para finalizar, que alrededor de la historia nos encontramos con muchas personalidades ligadas al ámbito de la salud que han destacado algún efecto que producto de nuestra interacción con los animales. Particularmente, Sigmund Freud tenía dos perros de raza Chow Chow, a los que lo unía un gran afecto, y a quienes permitía que se encuentren en las sesiones que llevaba adelante con sus pacientes, logrando percibir que la presencia de los Chow producía “algo” en sus pacientes y lo que es más, en sí mismo: “...y consigue explicar los motivos de que se pueda querer a un animal como Topsy (o Jofi) con tanta intensidad; se trata de un afecto sin ambivalencia, de la simplicidad de una vida liberada de los casi insoportables conflictos de la cultura, de la belleza de una existencia completa en sí misma. Y sin embargo, a pesar de todas las divergencias en cuanto a desarrollo orgánico, el sentimiento de una afinidad íntima, de una solidaridad indiscutible. A menudo, cuando acaricio a Jofi, me he sorprendido tarareando una melodía que pese a mi mal oído, reconocí como el aria de Don Juan: `Un lazo de amistad nos une a ambos´…”
Fragmento de carta de S. Freud a Marie Bonaparte
6 de diciembre de 1936

