La displasia consiste en una mala colocación de la cabeza femoral con respecto al acetábulo, de manera que la extremidad, en el apoyo, tiende a producir una tensión mayor de lo normal en la cápsula articular de la cadera del perro y la luxación de la cabeza femoral respecto al acetábulo. La displasia produce dolor en la articulación e inflamación. Con el tiempo se consigue que esta articulación degenere en una artrosis.
Cuando una mascota sufre de esta alteración articular, sus signos clínicos y gravedad pueden variar ampliamente. Las manifestaciones más típicas son la resistencia de la mascota a moverse y cambios en la forma de desplazarse; así, el perro galopa o da saltos de conejo, pudiendo manifestar también una combinación de dificultad para pararse o levantarse, paso anormal y distintos grados de dolor cuando se manipulan sus extremidades, volviéndose más ariscos y menos activos.
El grado de cojera puede variar desde una ligera cojera, que no se manifiesta si no es con ejercicio fuerte, hasta aquellas mascotas, en que por su grado de dolor son incapaces de tener un apoyo normal, sin embargo muchos perros con displasia andan y corren sin dolor, aunque presentan alteraciones en el paso. El grado de dolor y su origen dependerá de la edad de la mascota, ya que en los perros jóvenes (5 a 8 meses de edad) proviene de cápsula articular, ligamentos y lesiones a nivel del borde acetabular. En perros adultos (sobre 12 meses de edad) el dolor es debido a la enfermedad crónica articular y degenerativa, en donde e l dolor aparece después de un ejercicio prolongado o brusco.
Las mascotas son reacias a permanecer en el exterior con el tiempo frío, presentan dificultad para subir escaleras y falta de vitalidad. El dolor depende directamente del tamaño, de la naturaleza del perro y de su tipo de vida.
Como podemos ver, gran parte del diagnóstico se asocia al examen clínico de la mascota y a la información que nos entrega el dueño del perro, sin embargo, uno de los principales antecedentes de la enfermedad es el estudio genético del ejemplar, por lo tanto su historial familiar, conocido como pedigree. Todas estas informaciones que son analizadas por los Médicos Veterinarios necesitan de una confirmación radiográfica, la cual existen técnicas especiales para esta enfermedad, sin embargo, muchas veces los signos radiográficos no se corresponden con la gravedad de los signos clínicos y al momento de un tratamiento quirúrgico.
El tratamiento de la enfermedad degenerativa articular es paliativo, es decir, disminuir el dolor con uso de antiinflamatorios y otros fármacos asociados, que disminuyen una actividad de degradación articular. Una de las principales medidas para evitar un avance de esta enfermedad corresponde a un adecuado reposo y una reducción del peso corporal, si estuviera indicado. También existen alternativas quirúrgicas, pero sin duda que el tipo de tratamiento a realizar, demandará de mucha paciencia y de un adecuado asesoramiento Médico Veterinario.
Uno de los principales manejos para evitar la presencia de esta alteración articular corresponde a adecuadas medidas de prevención durante el crecimiento de su mascota, situación que será analizada detalladamente por su Médico Veterinario y sin duda un estudio de pedigree del ejemplar, situación indispensable para no seguir desarrollando la enfermedad, para lo cual, todo perro positivo a Displasia de Cadera NO debe ser usado para reproducción, independiente del grado de alteración que sea. Para ello existen instituciones que certifican oficialmente un ejemplar en cuanto al desarrollo de sus articulaciones, previa inspección Médico Veterinaria

