Sumario06
 
Mayo 13

Los animales, los viajes y los eventos

En la vida diaria observamos muchas veces comportamientos antagónicos entre perros y gatos, es lo mas común y natural. Aunque también encontramos excepciones a esta norma, en general perras que amamantan gatitos huérfanos, cachorros de perros que se crían

Nos gusta que nuestros animales nos acompañen en la mayor cantidad de oportunidades posibles, mas cerca y mas tiempo cuanto mayor afinidad y afecto. Esto es cierto si realmente somos cinéfilos, gatófilos o amigos de otras mascotas, cualesquiera sea la zoo-afinidad: perros, gatos hámsteres, conejos, aves y mamíferos varios.

Hasta aquí no hay dudas, pero ¿estamos en condiciones de asegurar que lo mismo ocurre con nuestros animales? ¿Siempre? Tal vez SIEMPRE es una palabra imposible de cumplir, por ser impresita y pretenciosa. Seguramente nuestras limitaciones para interpretar las reacciones y estados síquicos de nuestros animales, nos hagan creer que no ocurre nada y admiramos su estoico comportamiento al soportar incomodidades: traslados, movimientos, sobresaltos, encierros y ataduras, bozales y cabestros, cajas de viaje y barquinazos, y como coronación al rey de los fastidios: soportar el acoso de gente extraña, confianzuda y atrevida (aun con las mejores intenciones) para el sujeto animal debe ser lo mas parecido al infierno.

Desde luego ocurre también y se da el caso de animales con excelente predisposición histriónica, alto grado de sociabilización gratificante, lograda tras muchos eventos multitudinarios: exposiciones, competencias, torneos, exhibiciones, concursos y hasta el simple paseo por el parque, la plaza o las calles frecuentadas por otros perros con sus dueños o paseadores caninos. Creo que, por ahora, se comprende la situación si hablamos de perros y dueños, aunque es también frecuente ver perros que se estresan y no soportan de buena gana esta situación, o por ser jóvenes todavía o por sus personalidad, tal vez con baches o traumas debido a fallas en su educación inicial, su sociabilización, su adiestramiento o su entrenamiento inadecuado o mal realizado. Muchas veces por negligencia o abandono del propietario que cree que dándole lugar y comida, atendiendo solo a su bienestar físico, pero confinado o atado y en absoluta carencia de afectos y atenciones y juegos se arruina completamente la personalidad del animal.

Hablando de perros se entienden las limitaciones sociales y sus comportamientos fácilmente, con bastante claridad, pero sin tomar como ejemplo al joven que exhibe como bufanda una boa de doce o más Kg., o una iguana de casi dos metros de largo. ¿Qué puede hacer el dueño de un gato? ¿O de un canario? Y por demás obvio: ¿si su mascota es un axolote mexicano o un pez? ¿Lleva tras si el acuario completo? Lo pienso y con honestidad no la hallo la respuesta. En general todo el que me conoce sabe de mi opinión sobre la costumbre de tener como mascotas animales de especies silvestres o salvajes, sustraídas de su hábitat natural aunque se adquieran a interpósitas personas que lucra contraviniendo expresas leyes específicas. Si nadie comprara no los cazarían. No entiendo en absoluto a quienes combaten su aburrida soledad observando con placer una ofidio engullendo a un pobre ratoncito blanco, o un patito o un pollito bebe, vivos! No puedo compartir ese sentimiento, aunque no sienta ninguna aversión hacia ningún animal, prefiero los seres de sangre caliente y los protegería en estado silvestre. Ese proceder me recuerda al Coliseo Romano, las victimas no tienen ninguna posibilidad de escape ni defensa, esta herejía es digna de Calígula o Nerón, aun a escala reducida y veinte siglos después, me produce una real sensación de asco. Yo se que este modo de pensar me va a conseguir nuevos enemigos, pero quiero creer que algunas personas no se dan cuenta de lo que ocurre y por eso no toman como agravio estas conductas aberrantes. También coincidirán conmigo los muchos que ven en los animales a sus semejantes (hermanos menores) perro, gato, caballo, asno, etc., pero siempre y simplemente animales de compañía, llenos de virtudes, que se nos brindan generosamente. Siendo estos y no otros “animales aptos para ser mascotas”, esto es capaces de compartir con nosotros, excelentes amigos con disculpables diferencias de capacidad, pero capaces de llenar de emociones positivas nuestra vida. Debemos respetar a los animales silvestres que son mas felices en su estado natural: en libertad y si los amo, también debo respetar su libre albedrío en hábitat, su tranquilidad y su elección de y derecho a reproducirse para mantener su existencia como especie, de acuerdo a sus posibilidades y sus capacidades naturales como corresponde. Cuando una especie desaparece afecta a todo su ecosistema, se extingue y es irreemplazable, debemos ser cuidadosos, protegerlos y respetarlos, colaborando para su conservación y su existencia libre y natural. Si no tomamos conciencia a tiempo de nuestro rol fundamental de ser hermanos mayores, casi todas o todas desaparecerán con inclusión de los supuestos HOMOSAPIENS: nosotros.
Si amamos a las mascotas, amamos a la vida, y esta incluye a toda la creación, sumemos voluntades. Volviendo a nuestras más cercanas mascotas, luego del perro, pocas pueden estar todo el tiempo con nosotros, gatos, patos, canarios, conejos, etc., son poco aptas para traslados. Pero yo conozco excepciones: una publicista amiga tiene una gata siamesa de cinco años que vive con ella y la acompaña a todos lados en el auto, en el ascensor, en su oficina y en todos los ambientes de su vivienda e incluso cuando visita a sus parientes y amigos. Fue educada así y ese es el secreto: educación temprana y hábitos comunes, rutinas aprendidas poco a poco. En cambio hay todavía mucha gente que aísla a su perro “para que se haga más malo”, no lo sociabiliza, lo escatima a su familia y amigos ex profeso de acuerdo con el axioma cavernícola. Esto es un error muy grave y muy común: cuando el perro no se sociabiliza carece del poder de reconocer las diferencias en las actitudes de las personas y puede agredir a cualquiera sin motivos y no actuar defensivamente antes un agresor, incluso huir aterrorizado, cuando mas se necesita y en cambio un perro criado bien y altamente sociabilizado, adquiere desde su mas tierna edad la capacidad de descubrir la actitud de las personas, diferenciando y esencialmente desconfiando de las que se alejen del comportamiento social de su amo, sumado a sus sentidos de percepción mas agudos que los del humano.

Muchos mitos sustentan este error. Muchos vienen a mi criadero de pastores alemanes buscando “un cachorro que sea malo” y se equivocan porque en realidad quieren un ovejero bravo y arrojado, valiente, etc., pero no malo. Un ovejero bravo es un perro muy bueno con personalidad fuerte y definida de acuerdo al Standard de la raza. No importa el color, si el manto es negro, o gris o marrón, importa la calidad que es lo menos visible en un cachorrito exteriormente.

Volviendo al tema de los eventos y los animales: muchas personas creen que los perros participantes en las exposiciones son victimas muy infelices y se les exigen esfuerzos o acciones y rendimientos o cosas a las que el perro odia o por lo menos no disfruta. Esto es otro mito elaborado y repetido hasta el cansancio por ignorantes absolutos de la realidad cinéfila y hasta diría que lo que abonan la envidia y el despecho de los que tienen un perro sin calidad competitiva. La verdad esta en la función y como se la realiza: un perro para la exposición se entrena con su dueño y un coach, guía o handler, mucho antes de competir semanas, meses y años. Estas prácticas de entrenamiento hacen compartir progresiva y sistemáticamente la evolución del estado físico y mental necesario para mostrar un perro en el mejor aspecto posible a los ojos del juez. Esta convivencia en todo este tiempo, disfruta su ilusión y su esfuerzo. ¿Por qué? Por compartir, por sudar, por creer en el esfuerzo, cuando se supera el stress inicial del cachorrito y día a día se acompaña la evolución como en la forja del aprendizaje, finalmente no importa el resultado ni la copa, pues la felicidad se reconoce en el esfuerzo por aprender juntos y estar felices el uno con el otro.


Jorge R. Laino
jorge@revistacanina.com

AUTOR
Jorge R. Laino
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